POETICAS Laboratorio Internacional de Performance

 

“ … El Poder impone la supremacía del “arte” por sobre el resto de la acción humana para no tener que reconocer la lógica de la invención simbólica, creativa e indisciplinada en el trabajo y en la organización de la toma de decisiones colectivas.

El esencialismo individual en torno a la naturaleza del arte es el dispositivo que desactiva, o por lo menos acota y desvía, su potencial de transformación. Y para hacerlo cuenta con la angustia de vivir y el engaño del tiempo que los artistas alojamos en nuestros corazones, y que nos lleva a abrazar esta vocación como forma de identidad en la separación con respecto al “mundo cotidiano”, de instalación en el panteón de los notables, el éter de los consagrados, en el podio de los mejores.

Es indispensable extirparle al arte cualquier cucarda intravenosa con que el Poder lo haya distinguido para legalizar su potencia creativa en desmedro de cualquier otra esfera de la acción humana.

Este mamarracho conceptual incuba una larga serie de desaciertos, como la visión incompleta del hecho artístico que prescinde de sus condiciones sociales de generación, acceso colectivo y procesamiento, la definición brutal del artista como iniciador de ese circuito y el concepto de autoría como aspecto fundante del mismo.

Semejante fanfarria entorno del arte y los artistas ha provocado, con la complicidad de éstos últimos, que se les haya anquilosado su capacidad de ubicarse y ubicar su trabajo con eficacia en las claves filosóficas y sociales de su época.

Cualquier otro intento de una relación mas integral y transformadora con el conflicto social parece un exotismo militante, ya que, supuestamente, el arte funciona con una lógica autónoma ligada al “inconsciente colectivo”, cuyas leyes son inteligibles sólo para las misteriosas fuerzas de la consagración y la popularidad.

El artista se autopercibe como el depositario de un bien de cualidades mágicas, situado en un plano diferente de la realidad y ligado a lo metafórico y lo poético. Ese dispositivo lo lleva a regurgitar durante toda su vida una pelea procesual con su autoafirmación y su manejo de la desmesura, ubicando a todo “el afuera” como una escenografía hostil a la que debe vencer sobre los carriles de su jerarquización como artista. Amigos, esta conducta expresa el respeto y la obediencia a los más puros mandamientos de este Poder entristecedor que nos jode cotidianamente….“

Culebrón Timbal

 

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